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Procrastinación

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Procrastinación

Los seres humanos somos expertos en postergar cosas importantes.

Tan expertos que esa es una de las cosas que nos definen. 

¿Cuántas veces has dicho:

“Ya lo haré mañana”?

Seguro que en más de una ocasión. 

Como todos/as. 

Quizás pensabas que el día siguiente sería el idóneo para llevar a cabo esa tarea. 

Y, en vez de hacerlo cuando tenías la oportunidad, 

ocupas tu tiempo en otros quehaceres

más gratificantes para ti pero a lo mejor menos relevantes o importantes. 

Eso se llama procrastinación

¿Que de dónde viene esa palabra que parece un trabalenguas y que, básicamente, significa “dejar para mañana lo que podrías estar haciendo hoy”?

Pues del latín:

«pro» significa “adelante” y «crastinus» se refiere al futuro.

Es decir: aplazar o posponer. 

¿Ves?

Este comportamiento lleva entre nosotros tanto tiempo, 

que hasta los filósofos Sócrates y Aristóteles dieron con una palabra que lo definía a la perfección:

Akrasia – hacer algo en contra de nuestro mejor juicio. 

Esta refleja, incluso mejor, el significado de la procrastinación:

hacer una cosa cuando sabes perfectamente que deberías estar haciendo otra. 

Entonces…

¿Por qué procrastinamos?

No se trata de pereza o de que no sepas que tienes que hacer tus obligaciones cuando tocan. 

Como te he dicho, 

Aristóteles y Sócrates, con su akrasia, lo definieron con exactitud:

hacer algo en contra de nuestro mejor juicio. 

Entonces, 

¿por qué aplazamos las cosas?

Si sabemos que hay algo que deberíamos estar haciendo, ¿por qué no lo hacemos?

Lo cierto es que hay diferentes teorías en torno a la procrastinación

pero al final todas terminan en el mismo sitio:

es un comportamiento irracional. 

Sabemos que lo que estamos haciendo está mal, 

pero lo hacemos de todas formas. 

La ciencia y la psicología lo define como «inconsistencia temporal». 

¿Que qué significa esto de la inconsistencia temporal?

Pues que nuestro cerebro prefiere las satisfacciones más inmediatas antes que las que tardan más tiempo. 

Verás, 

te lo explicaré con un ejemplo. 

Digamos que existen dos tús: el tú del presente y el tú del futuro. 

El tú del futuro se pone objetivos, propósitos como conseguir un ascenso o formarte para ser un/a mejor líder, 

lo cual son recompensas muy interesantes para el tú futuro y para las que tienes que trabajar mucho y sin descanso. 

¿Dónde está el problema?

En que para alcanzar ese tú futuro, primero tiene que actuar el tú presente. 

¿Y qué ocurre con el tú presente?

Pues que le encantan los premios inmediatos. 

El tú futuro sabe que deberías estar trabajando duro para conseguir los objetivos que quiere, 

pero al tú presente lo único que le apetece es sentarse en el sofá con un cuenco enorme de palomitas para ver una maratón de tus películas favoritas. 

Sabes que si no trabajas lo que deberías no conseguirás tus objetivos, 

pero “por un día no pasa nada, queda mucho para que pueda cumplir mis metas”.

Otra razón por la que procrastinamos es porque preferimos no enfrentarnos a determinadas emociones. 

Aburrimiento, ansiedad, frustración, inseguridad. 

Pongamos por ejemplo tener que hacer limpieza de casa, u ordenar los papeles del despacho. 

Esto causa aburrimiento así que, aunque es necesario, 

lo aplazas. 

O quizás el tener que escribir un discurso o preparar una conferencia. 

Podría provocarte ansiedad o inseguridad, 

por lo que continúas aplazando el momento de ponerte a ello, por miedo a que no sea lo suficientemente bueno. 

Parece que aplazándolo los sentimientos negativos desaparecerán por arte de magia, 

pero lo cierto es que cuando te pongas finamente con ello, seguirán estando ahí. 

Lo único que consigues es alargarlos. 

El problema es que el alivio instantáneo que sientes cuando lo postergas es tan adictivo, 

que no puedes evitar hacerlo una y otra vez. 

Y eso, a la larga, tiene un montón de consecuencias negativas porque acaba afectando a nuestra salud mental. 

Procrastinamos para sentirnos mejor, 

cuando la realidad es que acabamos sintiéndonos incluso peor. 

Irónico, ¿no?

Sin embargo, no todo está perdido. 

Esto es como el/la que fuma. 

Ya lo has hecho, ya hay daño hecho, 

pero si lo dejas, podrías frenarlo. 

No es fácil, por supuesto. 

Incluso habrá momentos en los que lo pases realmente mal. 

Pero a la larga, merecerá la pena. 

Así que…

Cómo dejar de procrastinar

Si el principal problema es que preferimos las recompensas más inmediatas a las que llegan más a largo plazo, 

quizás ese sea el paso por el que empezar a caminar.

¿No?

Una idea para tratar de evitar este aplazamiento de obligaciones  al máximo, 

es la de consecuencias más inmediatas de la procrastinación

Por ejemplo, 

quieres llevar una vida un poco más saludable, 

y para ello decides que hacer ejercicio puede ser un buen comienzo. 

Pero… la verdad es que muchas veces encuentras cualquier excusa para no hacerlo. 

Como solamente te involucra y te afecta a ti, no pasa nada porque un día no hagas ejercicio. 

Pero… ¿qué pasaría si apostases con un amigo a que puedes cumplir X días haciendo ejercicio diario?

Imagínate:

tu amigo/a, hermano/a o quien sea te promete que si cumples un reto de 50 días haciendo ejercicio cada día, 

te invita a tu restaurante favorito. 

Si no lo consigues, eres tú quien paga la comida. 

Ahí la cosa cambia, ¿no?

No es que faltes un día, dos o los que sean a tu rutina física, 

sino que, si fallas, 

quedas mal y encima te toca pagar. 

Eso seguro que te da la motivación necesaria para conseguir el reto. 

Otra idea que podría hacerse está muy relacionada con esta anterior. 

¿Has escuchado hablar de la asociación de tentaciones o temptation bundling?

Es un término acuñado por Katherine Milkman, una economista de la escuela Wharton, en la Universidad de Pensilvania.

Se trata de “un método para abordar simultáneamente dos tipos de problemas de autocontrol aprovechando las complementariedades del consumo”, 

tal y como explicaba en su artículo Retención de los juegos del hambre como rehenes en el gimnasio: una evaluación de la combinación de tentación.

O, en otras palabras,

unir lo que no quieres hacer con algo que realmente te gusta para dejar de procrastinar. 

¿Por qué no escuchar tu disco de música favorito mientras contestas a los correos de trabajo?

¿O por qué no hacer ejercicio mientras ves un par de capítulos de tu serie favorita?

De hecho, 

déjame que te cuente una historia relacionada con esto de la asociación de tentaciones y que es realmente curiosa. 

Ronan Byrne es un estudiante de ingeniería eléctrica en Dublín. 

Sabía que tenía que hacer más ejercicio físico, porque es un hábito importante para mantener la salud, 

pero tenía un problema. 

Y ese problema se llama Netflix. 

Procrastinaba el ejercicio por ver sus películas y series favoritas. 

¿Qué hizo?

Como buen estudiante de ingeniería eléctrica, 

conectó la bicicleta estática con el dispositivo donde veía Netflix. 

Lo programó de tal manera que solo cuando fuera a una velocidad considerable con la bici, Netflix reproduciría su serie. 

Sino… adiós series. 

¿Lo ves?

Unió lo que le gustaba hacer (ver Netflix), 

con lo que tenía que hacer pero prefería no hacer (hacer ejercicio). 

Quizás, una opción para ayudarte a acabar con la procrastinación es hacer las tareas/obligaciones un poco más accesibles

Es decir, 

si tienes una tarea que te llevará cinco horas, 

es normal que tengas dudas. 

Te pondré un ejemplo.

Imagínate que tu yo futuro quiere participar en un triatlóny, encima, hacer un buen tiempo. 

Eso, para alguien que no está acostumbrado a hacer deporte y que le cuesta empezar con ello…

es complicado. 

Así que puedes aplicar la regla de los dos minutos, 

que básicamente consiste en que la tarea que tengas que hacer no te lleve más de dos minutos. 

¿Por qué?

Porque tú quieres coger el hábito de correr, nadar, y montar en bici;

pero si ya de primeras te propones correr 10 kilómetros al día, hacer 1500 metros en la piscina y hacer 40 kilómetros en bici…

tu reto durará 1000 pasos, 3 largos y una calle. 

Hay que empezar poco a poco. 

El objetivo es el triatlón. 

¿Qué me lleva menos tiempo que eso?

Pues 1 kilómetro corriendo, 5 largos y 3 kilómetros en bici. 

¿Y menos aún?

Dar un paseo corriendo, hacer unos pocos anchos y dar una vuelta en bici. 

¿Y más fácil aún?

Preparar la ropa de correr, buscar el gorro de piscina e hinchar las ruedas de la bici. 

¿Ves?

Aún es un largo camino el que queda hasta conseguir hacer el triatlón, 

pero con esas pequeñas metas que te has fijado, 

el hábito irá apareciendo, y poco a poco te irás enganchando a ello. 

Esto puede sustituirse por una división de las tareas a hacer

Por ejemplo, 

si lo que tienes que hacer es leer un informe, 

pero por alguna razón ponerte con ello te incomoda, 

puedes intentar dividirlo. 

Es decir, 

si el informe tiene 15 puntos, 

puedes intentar leerte cinco al día. 

Así, en tres días lo tendrías leído y estudiado y la incomodidad habrá reducido porque no te lo leíste todo del tirón, 

sino que lo diviste y al final conseguiste tu objetivo.

¿Puedo recuperar la productividad?

El problema principal es que nos proponemos una serie de objetivos, pero no cómo conseguirlos. 

A ver, déjame que me explique. 

Un equipo de fútbol tiene como objetivo clasificarse para el Mundial. 

Y eso está muy bien, pero…

¿podría conseguirlo sin un sistema que tenga como objetivo final la clasificación para el torneo?

Seguro que sabes la respuesta:

  1.  

Es por eso que tener un sistema/planificación es tan importante (en realidad, más), que tener un objetivo a cumplir. 

Lo cierto es que existe un método que es bastante sencillo y bastante eficaz:

el Ivy Lee. 

Este método tiene los siguientes pasos. 

El primero es fácil: al término de cada día, escribe seis cosas importantes que necesitas conseguir al día siguiente.

El segundo paso es ordenar las seis cosas tan importantes por orden de relevancia. Sé sincero/a. 

El tercero es, cuando llegue el día siguiente, hacer la primera cosa de la lista, la más importante, y terminarla antes de hacer ninguna otra.

El cuarto paso es seguir tachando tareas de tu lista de seis. Si hay alguna que no te de tiempo de terminar, la pasas a la lista del día siguiente. 

El quinto y último, es hacer esto todos los días. 

Más fácil imposible, ¿verdad?

De esa manera, lo que es realmente importante o urgente estará hecho, y lo que sea menos relevante, lo podrás hacer el próximo día. 

¿Que en qué te ayuda este procedimiento?

Pues te ayuda a tomar decisiones, porque requiere que decidas cuáles de tus tareas son más importantes. 

A mantener las cosas sencillas;

a menudo las complicamos nosotros/as mismos/as, cuando lo cierto es que son increíblemente fáciles. 

Hace que tu cabeza se centre únicamente en una tarea al momento, 

que puede reducir tus niveles de estrés y ansiedad. 

¿Te parece poco?

Conclusión: Procrastina la procrastinación

Es un poco un trabalenguas, 

pero esa es la esencia de todo. 

Aplaza el aplazar. 

Entiendo que en ocasiones pueda resultar realmente difícil, 

porque siempre es mucho más cómodo postergar aquellos que no nos gusta o que nos puede llegar a costar. 

Pero es que de esa manera se entra en un círculo del que luego es realmente difícil salir. 

Y no solo eso, 

es que cuanto más lo vayas dejando, 

más difícil será después. 

Porque te quedarás sin tiempo, te sentirás aún más estresado/a…

Ya sabes a qué me refiero. 

Así que inténtalo. 

Puedes probar las ideas que te he dejado más arriba, y espero que te funcionen. 

Mientras tanto, te invito a que te suscribas a mi lista de correos. 

Cuento cosas, historias y anécdotas que me parecen interesantes y, 

sobre todo, 

útiles.

¿Podré dejar de procrastinar?

Como ya te dije más arriba, 

dejar para otro momento nuestras obligaciones es algo inherente en las personas. 

No podemos evitarlo. 

Pero, también como te conté más arriba, 

hay opciones para tratar de acabar con ese vicio. 

Te diré que es necesaria mucha fuerza de voluntad, 

muchas ganas y mucha intención de cambiar las cosas. 

No es fácil, 

porque es casi automático sustituir las cosas que nos incomodan por otras que nos satisfagan. 

Pero sí es posible. 

Puedes intentar hacer lo de los dos minutos, 

o probar con lo de la asociación de tentaciones.

Incluso con lo de dividir las tareas y hacerlas más accesibles. 

No sé. 

Cada persona es un mundo y funciona de una manera diferente. 

Yo te invito a que lo intentes porque, 

al final, 

notarás una mejoría no solo en tu productividad, que es importantísimo. 

Sino también en tu salud mental y en tu felicidad.

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