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Coaching, qué es

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Coaching

Coaching, ¿qué es el coaching?

Lo primero, para conocer el origen de esta palabra, es importante decir que se trata de un anglicismo.

Viene del verbo “to coach”, que significa entrenar. 

Seguro que has escuchado ese término más de una vez. 

Puede que por la tele, en internet o en algún anuncio. 

Sea como sea,

¿sabes lo que es realmente el coaching?

En qué consiste, cuál es el proceso a seguir, para qué sirve. 

Según ASESCO (Asociación Española de Coaching), “el Coaching profesional es un proceso de entrenamiento personalizado y confidencial mediante un gran conjunto de herramientas que ayudan a cubrir el vacío existente entre donde una persona está ahora y donde se desea estar”.

Si te resulta más fácil, 

piensa en un entrenador deportivo, que quizás sean los más habituales. 

¿Cuál es su trabajo?

Pues dirigir, instruir, entrenar. 

A una única persona o a un grupo de ellas. 

¿Y su objetivo?

Que aquellos que están siendo guiados alcancen sus metas o desarrollen una serie de habilidades. 

Lo mismo ocurre con un/a coach. 

Que se encarga de sacarle el máximo provecho a los recursos, tratando de optimizarlos lo máximo posible. 

Los términos “coach” o “coaching” son relativamente nuevo en comparación con la cantidad de tiempo que lleva este oficio en la sociedad. 

Ya sabes, lo de Sócrates y Aristóteles (puedes leer este post, Alberto Mallo – Coach, si quieres saber un poco más de la historia detrás de la figura del coach). 

En cualquier caso, al ser algo un tanto desconocido, es necesario hablar de lo que conlleva el coaching, un proceso de coaching y para qué sirve.

¿Cómo nace el coaching?

Si nos remontamos al inicio, 

tendríamos que hablar de la Antigua Grecia, de Sócrates y de la mayéutica. 

Sócrates reunía la esencia de lo que es o debería ser el coaching. 

A través del diálogo (porque el coaching es eso, al fin y al cabo), 

a través de una conversación de igual a igual, conseguía que sus discípulos sacasen a relucir conocimientos que, quizás, ni ellos sabían que tenían. 

El concepto más moderno del coaching se remonta a los años 70. 

Un entrenador deportivo llamado Timothy Gallwey se dio cuenta de que, en realidad, el mayor enemigo de un deportista era su propia mente. 

No su estado físico, ni los rivales. 

Su propia cabeza. 

Porque si esta no estaba al cien por cien, lo demás no funcionaría como debería. 

Es por eso que llevó a cabo un proyecto de libros acerca de cómo superar obstáculos o bloqueos, 

cómo hacer que los deportistas sacasen el máximo rendimiento de ellos mismos. 

Tanto éxito tuvo su estudio, que se comenzaron a fundar escuelas deportivas. 

El coaching, como algo más que entrenamiento deportivo, estaba despegando. 

Pero es que había que darle otra vuelta de tuerca. 

Porque sí, Timothy Gallwey se había basado en el rendimiento deportivo. 

Pero, ¿y qué ocurre con el resto de aspectos de la vida diaria?

La extrapolación del coaching a otras áreas se le atribuye a Thomas J. Leonard. 

Así, fusionó lo que el método anterior decía con aspectos empresariales, psicológicos y hasta espirituales. 

¿El resultado?

Un proceso que podía hacer que cualquier persona con ganas de cambios pudiese dar un paso al frente. 

Fuera cual fuese su ámbito.

¿Cómo se establece una relación de coaching?

Lo primero y más importante, 

es encontrar el coach ideal para cada uno/a. 

No todos los coaches sirven para todos los coachees. 

Cada persona es un mundo, por lo que cada persona funciona de una manera diferente. 

Pasa lo mismo con los coaches: cada uno tiene su método, su forma de ser, su manera de guiar. 

Todas esas formas son válidas, pero no sirven por igual a todos los clientes. 

Por eso, te lo repito: si quieres empezar un proceso de coaching, investiga. 

Conoce todos los/as coaches posibles. 

Conoce sus metodologías, sus ideas, referencias suyas. 

Es importante dar con el/la coach adecuado/a, porque será quien te guíe y te acompañe durante el proceso. 

Es por esta misma razón que la gran mayoría de los/as coaches ofrecen una primera sesión o entrevista de prueba. 

¿Y qué se hace ahí?

Pues un primer contacto. Conoceros. 

El/la cliente le cuenta al coach porqué quiere comenzar un proceso de coaching, cuales son sus objetivos a lograr…

Es importante recordar que el grado de motivación del cliente es vital para que el coaching funcione y tome un rumbo interesante. 

Un proceso de coaching puede implicar una serie de modificaciones personales que el cliente debe estar dispuesto a asumir con el fin de alcanzar sus objetivos. 

Si no tiene ganas de cambiar, de crecer; ¿por qué quiere empezar con el coaching?

No tiene sentido. 

Por eso es tan importante saber si el cliente está dispuesto a sacar a flote ciertos temas o si está preparado para cambiar ciertos aspectos. 

Una vez hecho este primer contacto, de haber conocido un poco más a la persona que quiere contratar los servicios del coach, pueden ocurrir dos cosas. 

La primera, que el cliente no se vea haciendo un proceso de coaching, y que lo deje ahí. 

La segunda, que se anime a seguir adelante. 

Entonces se podrán establecer los objetivos, los pasos a seguir, etc.

¿Qué función tiene el coach en el proceso de coaching?

Guiar pero sin estorbar. 

Mostrar pero sin imponer. 

Esa es la función del coach durante el proceso de coaching. 

En contra de lo que se pueda pensar, el coaching no es una sesión en la que el coach habla y el coachee escucha. 

Para nada. 

Las sesiones de un proceso de coaching consisten en una conversación entre profesional y cliente. 

De esta manera, el cliente puede acceder a nuevos puntos de vista en los que no había caído hasta el momento. 

El coach hace preguntas, ofrece opciones, cuestiona, explora. 

Todo, con el fin de que la persona a la que está guiando se conozca mejor a sí mismo, 

que tenga a su disposición todas las herramientas. 

El aspecto positivo que tiene el coach que no tiene el amigo al que acudimos cuando no sabemos qué hacer, 

es que el coach desafía. Propone salir de la zona de confort. 

Insta a probar nuevas salidas que, a primera vista, pueden parecer muy alejadas de la forma natural de actuar del coachee. 

Pero es que es necesario salir de la zona de comodidad de cada uno para ponerse a prueba y aprender nuevas cosas. 

Y una vez se conoce hasta donde puede uno llegar, se establecen, de manera conjunta, 

una serie de acciones para ir acercándose al objetivo. 

Y podría decirse que esa es la gran virtud del coach. 

Que es una persona que está entrenada para detectar los aspectos más difíciles para sus clientes, que muchas veces necesitan romper una serie de barreras que no ven para poder seguir avanzando. 

Y que eso es lo que propone en cada sesión del proceso de coaching: derribar los muros que no les permiten crecer personal y profesionalmente. 

Ya hemos hablado de las dos piezas fundamentales de un proceso de coaching: el coach y el coachee. 

Pero, en ocasiones, también hay una tercera: el supervisor. 

Esta persona, como su propio nombre indica, se encarga de acompañar al coach en su trabajo, ayudándole a mejorar su eficiencia y la calidad de la función que está desempeñando.

¿Qué tipos de coaching existen?

Puede que el coaching que más se conozca sea el ejecutivo. 

O quizás la del entrenador deportivo personal. 

Pero lo cierto es que existen una gran cantidad de procesos de coaching diferentes. 

Aun así, en lo que se refiere a la temática, podríamos agruparlos todos bajo dos amplios conceptos. 

El primero, “life coaching” o coaching de vida

 

Aquí entraría todo aquello que trata aspectos más personales de la vida del coachee. 

Podría ir desde temas individuales hasta temas de pareja. 

El segundo, coaching organizacional.  

 

Es decir, todo lo que tenga que ver con el ámbito profesional del coachee. 

Aquí se podrían tratar temas como una mejora en el comportamiento de su vida laboral, 

encontrar nuevos caminos a seguir… 

Tendríamos el coaching empresarial, que está destinado a empresas en general. 

 

¿Qué se trata en este tipo de procesos?

Pues la gestión del tiempo, las relaciones entre miembros del equipo, la productividad… 

Dentro del coaching organizacional, está también el conocido coaching ejecutivo 

 

como su nombre indica, está dirigido a los altos ejecutivos que buscan desarrollar su liderazgo, la mejora del personal a su cargo, las habilidades de dirección/comunicación…

Si hablamos del ámbito, podríamos destacar dos tipos. 

Por un lado, el coaching individual que, como su propio nombre indica, está destinado a un único individuo. 

 

Y por otro lado, el  coaching de equipos.

 

Es decir, enfocado a un grupo de personas, probablemente de una misma empresa, que buscan mejorar la eficiencia en su forma de trabajar. 

También podrían estos catalogarse en función de la metodología usada por el coach. 

  • Coaching ontológico 
  • Coaching sistemático 
  • Coaching con inteligencia emocional 
  • Coaching coercitivo 

En fin, como ves, hay infinidad de filtros para elegir un proceso de coaching. 

Tantos que al final acabaríamos perdiendo la cuenta e incluso la noción del tiempo. 

Pero lo importante es eso, que dependiendo de lo que estés buscando en ese momento de tu vida, 

tienes tantas opciones como peces hay en el mar. 

Es cuestión de dar con la adecuada. 

El coaching, además de ayudar a alcanzar los objetivos propuestos por el coachee, 

también tienen una serie de beneficios que, sin darse uno ni cuenta, podría estar adquiriendo. 

El hecho de haber decidido a ponerte en manos de una persona cualificada para ayudarte a pulir tus habilidades, 

de haberte abierto al coach con tus preocupaciones e inquietudes, 

te podría ayudar a fortalecer las relaciones interpersonales

Al estar acudiendo a un profesional y que este te proponga una serie de actividades y prácticas para probarte, podrías estar mejorando tu productividad

En un proceso de coaching de grupos, el tener que trabajar codo con codo con otras personas, fomenta el correcto trabajo en equipo

La adquisición de nuevas (o desconocidas) habilidades, 

el desarrollo de la creatividad, 

el aprendizaje de cosas que no sabías. 

Todo eso podría salir de un proceso de coaching. 

Sea el ámbito que sea, sea la temática que sea. 

Es todo cuestión de dar a la tecla correcta, encontrar al profesional y método que encaje con tu forma de ver las cosas, 

y manos a la obra.

¿Cuáles son las fases habituales de un proceso de coaching?

Puede variar según el coach, el método, y la persona. 

Pero, por norma general, un proceso de coaching pasa por cuatro fases básicas. 

La primera, claro, sería el primer contacto

Una breve conversación en la que los objetivos se ponen sobre la mesa, en la que coach y coachee se conocen y se comienza a crear un clima de confianza. 

Se habla también de los obstáculos, de las inquietudes que tiene el/la coachee.

Y, lo más importante, el grado de implicación y motivación del/la cliente por cambiar. 

Si te interesa, puedes reservar una primera conversación conmigo de 15 minutos aquí.

La segunda fase sería la de la creación del plan de acción

Es decir, establecer qué áreas se mejorarán y qué se llevará a cabo para alcanzar los objetivos propuestos. 

La tercera fase es ponerse manos a la obra. Empezar con el cambio. 

Quizás, la fase más importante de todas. 

Aquí es cuándo empieza la conversación entre coach y coachee. 

Cuándo el coach pone a disposición de su cliente todos los conocimientos, para que este vaya descubriendo y desarrollando las herramientas que busca. 

Esta tercera fase es en la que las sesiones tienen lugar. Se va evaluando, sesión a sesión, la evolución del coachee. 

En otras palabras: si se está acercando a sus objetivos. Si está aprendiendo. Si se siente cómodo. 

Por último, la cuarta fase, sería una evaluación y seguimiento

¿Ha conseguido el coachee lo que buscaba?

¿Se siente bien? ¿Completo?

Si se llega hasta aquí, aunque haya costado y haya sido complicado en ocasiones, 

entonces habrá merecido la pena

¿Qué motivos llevan a empezar un proceso de coaching?

Las razones son infinitas. 

Puede ser prácticamente cualquier cosa. 

Sin embargo, todas (o casi todas) las razones que llevan a una persona a empezar un proceso de coaching, 

desembocan en un mismo sitio:

encontrarse a uno mismo. 

Descubrir lo que es capaz de hacer y hasta dónde puede llegar. 

Puede ser porque no sabes en qué punto de tu vida profesional o personal estás. 

No tienes claro qué objetivos marcarte para seguir creciendo.

Puede que tengas un trabajo en el que no eres feliz, y quieres hacer algo para remediar eso. O tal vez sea porque en tu vida personal sientes que te falta algo para estar completo. 

A lo mejor es que no sabes muy bien cómo gestionar ciertos sentimientos, y eso te impide avanzar hasta donde quieres llegar. 

Igual es que lo que necesitas es que te enseñen o muestren cómo mejorar tus relaciones, tu expresión, tu comunicación con la gente que tienes alrededor. Y, si consigues arreglar esto, la confianza en ti mismo aumentará. 

A lo mejor eso te permite avanzar y conseguir lo que te propones y que hasta entonces no podías adquirir. 

Puede que lo que necesitas es aprender a tomar decisiones o a resolver conflictos. 

A lo mejor es que estás en una burbuja, en tu zona de confort, con tus creencias y tus rutinas y no puedes ver más allá. 

Otro de los motivos habituales por los que acudir a un coach es porque tus relaciones personales no son las idóneas. 

Que tengas problemas para comunicarte con tu pareja, con tus hijos, con amigos, etc. Y, si en tu espacio personal no estás cómodo, ¿cómo vas a estarlo en los otros ámbitos?

Si, por el contrario, donde tiene más inquietudes es en el área laboral, quizás quiera aprender a gestionar el tiempo, de manera que puedas hacerlo todo de forma más organizada y eficiente. 

Lo esencial para que estos procesos de coaching funcionen en la vida personal, es saber hacer una buena gestión de las emociones. 

Si eso se consigue, después las relaciones interpersonales fluirán mucho más. 

En lo que se refiere al coaching en grupo, los motivos siempre tendrán que ver con que el grupo funcione de la manera más eficiente posible. 

Este proceso con los miembros de una empresa suele estar vinculado con reforzar o desarrollar las herramientas necesarias para un buen ambiente laboral. 

Ya sean las relaciones interpersonales, la creatividad, la motivación, el liderazgo, el trato con los clientes. 

Cualquier cosa que ayude a mejorar y que, 

al finalizar el proceso, 

se note la diferencia. 

Porque eso es lo más importante para la empresa que acude a un coach para hacer un proceso de coaching. 

Que los empleados salgan motivados, con ganas de trabajar y darlo todo de sí mismos. 

Que sean un equipo sólido que ha aprendido a sacar partido a todos sus recursos. 

No sé. Como te digo, hay muchísimas razones por las que una persona decide emprender este viaje. 

Ya lo has visto. 

También te habrás dado cuenta de que las situaciones que te he mostrado, siempre incluían a alguien con ganas de cambios. 

En otras palabras, lo que se busca es la satisfacción. 

La plentiud. 

La sensación de que se está viviendo la vida en todo su esplendor. 

El vivir y hacer las cosas acorde a los principios y valores en los que crees. 

El hacer lo que realmente te llena. 

Conseguir cosas que, quizás, nunca te imaginaste que conseguirías. 

Sentirse realizado/a

Conclusión: ¿para qué sirve el coaching entonces?

El coaching puede ser el camino hacia lo que quieres ser. 

Te ayuda a ver cosas que antes no podías ver o que no te dejabas ver. 

El coaching sirve para identificar los pasos que hay que seguir para conseguir los objetivos que uno se propone. 

El coaching te saca de tu zona de confort, te invita a explorar, a vivir, a sentir, a experimentar cosas nuevas. 

Puede que saque a la luz aspectos con los que no te sientas especialmente cómodo, pero que son necesarios para seguir adelante. 

Te ayuda a gestionar las emociones. A cambiar hábitos que, a lo mejor, no te hacían bien. A equilibrar tu vida, tanto personal como profesional. 

En definitiva, te puede servir para sacar en claro hacia dónde vas. 

Porque, al final, la vida se trata de eso, ¿no?

De no mirar al pasado, sino de centrarte en el futuro para evolucionar. 

Para ser feliz. 

A lo mejor tanta información es difícil de digerir. 

Puede que llegue a asustar un poco. 

Pero con un coach al lado, que busca sacar lo mejor de ti, igual es más fácil. 

No lo sé. Eso depende de ti. 

Si ya te pica la curiosidad, te invito a que te suscribas a mi lista de correo. Ahí te mando un mail diario con alguna anécdota, historia o idea que me parezca interesante (y, sobre todo, útil) para ti. 

Quién sabe.

¿Qué es lo que quieres en tu vida?

A simple vista quizás parezca una pregunta sencilla. 

Pero no lo es tanto. 

De hecho, no lo es en absoluto. 

Es una pregunta que encierra una enorme mezcla de sentimientos, de deseos, de sueños. 

Pero es que, si no eliges tú lo que quieres en tu vida, entonces la vida lo elegirá por ti. 

¿Quieres conformarte con eso?

Seguro que, si has llegado hasta aquí, no te consideras una persona conformista. 

Entonces, ¿qué es lo que quieres? 

¿Qué es lo más importante para ti?

Te lo preguntaré de otra manera:

¿qué es lo que NO quieres?

¿qué quieres fuera de tu vida?

Empieza por ahí y ve acotando.

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